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miércoles, 20 de enero de 2016

Las emociones sí importan

La ciencia ha demostrado que el cerebro humano es plástico. El cerebro humano se adapta a la actividad que la persona realiza y puede cambiar su estructura de forma visible. El cerebro se va esculpiendo a lo largo de la vida con lo que la persona siente, piensa y hace. Y esta plasticidad del cerebro es especialmente importante en los primeros años de vida.

Uno de los grandes estímulos de realizar un trabajo de doctorado es  poder analizar estudios realizados en diversas ramas científicas. Aportan resultados que pueden resultar sorprendentes, como el que expongo: en educación las emociones sí importan.

El cariño puede acelerar el crecimiento del cerebro. El afecto hacia los niños puede determinar de manera muy significativa su desarrollo. Y si la actitud afectiva influye en la formación del cerebro, es un aspecto que la educación debe tener en cuenta.

Resulta más importante el modo de educar en los primeros años de vida que en etapas posteriores. Los primeros años de vida de los niños van a ser decisivos para determinar su futuro. La educación que reciban en este período va a ser vital. Y debemos recordar que la educación la reciben a través de una doble vía: la educación formal en la escuela y la educación no formal en su entorno directo, básicamente la familia.

Desde la neurociencia y desde la economía de la educación, me permito destacar dos aspectos de la educación no formal que resultan determinantes en el desarrollo de una persona.


El cariño influye en el desarrollo del hipocampo
La neurociencia nos ha mostrado que el cerebro es un órgano plástico y moldeable. La interacción de los adultos con los niños y el cariño que se les dedica es determinante en el desarrollo de su cerebro.

El profesor de neurobiología de la Universidad McGill Michael Meaney demostró, con sus investigaciones, cómo influye el cuidado de las madres en el cerebro de sus crías. El experimentó se realizó con ratas. Las madres ratas que lamían más a sus crías provocaban cambios en ellas que se traducían en la generación de más neuronas y en un mayor desarrollo de la parte del cerebro que regula la memoria o el aprendizaje (hipocampo).

Lo mismo se demostró unos años más tarde con humanos en un estudio llevado a cabo en por la Dra. Joan Luby en la Universidad de Washington, demostrando la influencia que tiene el cariño en el desarrollo del cerebro humano.

Es la denominada plasticidad cerebral y pone de manifiesto la capacidad del cerebro de cambiar según la experiencia vivida.

El cariño puede acelerar el crecimiento del cerebro. Por ello, más allá de contenidos académicos tradicionales, de enseñar a leer, de enseñar a sumar y restar… las investigaciones nos muestran que el afecto es un instrumento enormemente poderoso en el desarrollo cerebral y cognitivo de los niños.

La familia influye en el desarrollo del lenguaje
Otra prueba de cómo afecta el entorno del niño en su educación nos la ofrecen los estudios de James Heckman, premio Nobel de Economía del año 2000, sobre la calidad del ambiente educativo familiar.
Entre sus múltiples trabajos, encontramos un estudio sobre la influencia de la calidad educativa en la familia. Heckman ha proclamado siempre que la primera causa de desigualdad entre las personas la constituye el “accidente del nacimiento”. Nacer en una determinada familia condiciona enormemente el futuro de un niño. Y dentro de sus investigaciones, ha demostrado que un niño que crece en una familia con padres con formación universitaria escucha de media 2.153 palabras por hora. Un niño con unos padres con la formación obligatoria escucha un promedio de 616 palabras por hora.

El impacto del tiempo pasado con los niños, así como el lenguaje que escuchan van a incidir como factor que facilitará en mayor o menor medida su formación. La habilidad en la comunicación y el modo de desarrollar el lenguaje del niño está enormemente influida por su entorno. Y aunque en el aula todos los niños escuchan lo mismo, fuera del aula las diferencias son significativas.

Son tan solo dos ejemplos de cómo la educación va más allá de los contenidos académicos –a los cuales no niego su razón de ser-. Sabemos, como sociedad, que existen otros aspectos que pueden llegar a ser muy  determinantes en el futuro de los niños. El hecho de que el cerebro sea plástico tiene implicaciones educativas. Las emociones son reacciones que contribuyen al desarrollo de la persona.

Por ello… las emociones importan
La Fundación Botín desarrolló, en 2008, un análisis internacional muy completo sobre educación emocional. Sus conclusiones fueron claras: la educación emocional afecta al desarrollo de los alumnos, ya que incentiva su motivación, predispone a actitudes más positivas, mejoran sus relaciones y obtienen mejores resultados académicos.

Para conseguir que un niño crezca, en toda la dimensión de la palabra, no basta con la adquisición de conocimientos. Generar un clima emocional positivo también va a influir en su desarrollo. Porque no hablamos de utopías, hablamos de aspectos físicos cuantificables en nuestro cerebro. Si la educación debe ser un proceso de aprendizaje para la vida, las emociones sí importan.

miércoles, 7 de octubre de 2015

20 cortos para educar en valores

Cuando los niños nacen no son ni buenos ni malos. Es con la ayuda de sus padres, educadores, y de los que conviven con ellos, como aprenderán lo que está bien y lo que está mal decir, hacer, actuar, vivir.

Valores como la amistad, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, la solidaridad o el respeto, son esenciales para un sano desarrollo de los niños. Educarles para que aprendan a valorar algunos comportamientos y conductas les ayudará a convivir mejor y a sentirse bien en el ambiente en que se encuentren.

Un niño conocedor del límite del otro, podrá vivir una vida sana y saludable, sea en su entorno familiar o escolar. Un niño que sabe respetar a los demás, será más fácilmente respetado, y así con todo.

No hay que olvidar que los niños aprenden con el ejemplo. El ejemplo que le dan sus padres en la forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de compartir mesa, asiento, de cooperar, de ayudar a los demás, de defender, de reclamar, de tolerar y aceptar. Si los padres no tienen paciencia con su hijo, ¿qué es lo que el niño va a aprender?

A continuación una serie de cortometrajes que tratan diversos temas, y que seguro ayudarán a los más pequeños a comprender la importancia de estos valores.
 

domingo, 22 de marzo de 2015

UN CUENTO PARA DESPERTAR A LOS PROFESORES

 
Es una historia  adaptada del texto “Three letters from Teddy” de Elizabeth Silance Ballard.


A todos los “profes”… ¡Feliz despertar!

Aquella mañana la señorita Thompson fue consciente de que había mentido a sus alumnos. Les había dicho que ella les quería a todos por igual pero, acto seguido se había fijado en Teddy, sentado en la última fila, y se había dado cuenta de la falsedad de sus palabras.


La señorita Thompson había estado observando a Teddy el curso anterior y se había dado cuenta que no se relacionaba bien con sus compañeros y que tanto su ropa como él parecían necesitar un buen baño. Además el niño acostumbraba a comportarse de manera bastante desagradable con sus profesores. Llego un momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente corrigiendo los deberes de Teddy y llenando su cuaderno de grandes cruces rojas y bajas puntuaciones. Sin duda era lo que merecía por su dejadez y falta de esfuerzo.


En aquel colegio era obligatorio que cada maestro se encargara de revisar los expedientes de los alumnos al inicio de curso, sin embargo la señorita Thompson fue relegando el de Teddy hasta dejarlo para el final. Sin embargo al llegarle su turno, la profesora se encontró con una sorpresa. La profesora de primer curso había anotado en el expediente del chico: “Teddy es un chico brillante, de risa fácil. Hace sus trabajos pulcramente y tiene buenos modales. Es una delicia tenerle en clase.” Tras el desconcierto inicial, la señorita Thompson continúo leyendo las observaciones de los otros maestros. La profesora de segundo había anotado, “Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas en seguir el ritmo porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y su vida en casa no debe ser muy fácil.” Por su parte el maestro de tercero había añadido: “La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede pero su padre no parece tomar mucho interés, sin no se toman pronto cartas en el asunto, el ambiente de casa acabará afectándole irremediablemente.”. Su profesora de cuarto curso había anotado: “Teddy se muestra encerrado en sí mismo y no tiene interés por la escuela. No tiene demasiados amigos y, a veces, se duerme en clase.”


Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson cerró el expediente del muchacho. Días después, por Navidad, aún se sintió peor cuando todos los niños le regalaron algunos detalles envueltos en brillantes papeles de colores. Teddy le llevó un paquete toscamente envuelto en una bolsa de la tienda de comestibles. En su interior había una pulsera a la que faltaban algunas piedras de plástico y una botella de perfume medio vacía. La señorita Thompson había abierto los regalos en presencia de la clase, y todos rieron mientras enseñaba los de Teddy. Sin embargo las risas se acallaron cuando la señorita Thompson decidió ponerse aquella pulsera alabando lo preciosa que le parecía, al tiempo que se ponía unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy fue el último en salir aquel día y antes de irse se acercó a la señorita Thompson y le dijo: “Señorita, hoy huele usted como solía oler mi mamá.”


Aquel día la señorita Thompson quedó sola en la clase, llorando, por más de una hora. Aquel día decidió que dejaría de enseñar lectura escritura o cálculo. A partir de ahora se dedicaría a educar niños. Comenzó a prestar especial atención a Teddy y, a medida que iba trabajando con él, la mente del niño parecía volver a la vida. Cuánto más cariño le ofrecía ella, más deprisa aprendía él. Al final del curso, Teddy estaba ya entre los más destacados de la clase. Esos días, la señorita Thompson recordó su “mentira” de principio de curso. No era cierto que los “quisiera a todos por igual”. Teddy se había convertido en uno de sus alumnos preferidos.


Un año después la maestra encontró una nota que Teddy le había dejado por debajo de su puerta. En ella Teddy le decía que había sido la mejor maestra que había tenido nunca.


Pasaron seis años sin noticias de Teddy. La señorita Thompson cambió de colegio y de ciudad, hasta que un día recibió una carta de Teddy. Le escribía para contarle que había finalizado la enseñanza superior y para decirle que, continuaba siendo la mejor maestra que había tenido en su vida.


Unos años más tarde recibió de nuevo una carta. El niño le contaba como, a pesar de las dificultades había seguido estudiando y que pronto se graduaría en la universidad con excelentes calificaciones. En aquella carta tampoco se había olvidado de recordarle que era la mejor maestra. Cuatro años después, en una nueva carta, Teddy relataba a la señorita Thompson como había decidido seguir estudiando un poco más tras licenciarse. Esta vez la carta la firmaba el doctor Theodore F. Stoddard, para la mejor maestra del mundo.


Aquella misma primavera, la señorita Thompson recibió una carta más. En ella Teddy le informaba del fallecimiento de su padre unos años atrás y de su próxima boda con la mujer de sus sueños. En ella le explicaba que nada le haría más feliz que ella ocupara el lugar de su madre en la ceremonia.


Por supuesto la señorita Thompson aceptó y acudió a la ceremonia con el brazalete de piedras falsas que Teddy le regalará en el colegio y, perfumada con el mismo perfume de su madre. Tras abrazarse, Teddy le susurró al oído: “Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante, por haberme demostrado que podía cambiar.”


Visiblemente emocionada, la señorita Thompson le susurró: “Te equivocas, Teddy, fue al revés. Fuiste tú el que me enseñó que yo podía cambiar. Hasta que te conocí, yo no sabía lo que era enseñar.”


* Imagen: Monumento al maestro. Ayuntamiento de Palencia. Escultura de Rafael Cordero.

¡FELIZ REFLEXIÓN!